en la humillación por defenderse de la tristeza,
por encontrar la respuesta a la sonrisa,
en hincar la alabanza,
inclinarla,
al favor de cada día.
Sin que se arrodillen en usuras,
los sepultureros impasivos y siniestros,
al tú me matas,
que los convierte en asesinos,
El ánimo frío se dilata,
recae y se atraviesa,
domina el mundo del pésame,
y vuelca lo concurrido
de la nada contra el sueño.
Y la nada en pesadilla
y la amargura en embeleso.

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