sábado, 21 de noviembre de 2009

Juego abandonado

Marx sonreía amargamente, eran las siete,
el sol se iba enrojecido,
movía ficha el superhombre
con su alfil de fe,
y los peones de cabestros heridos,
con su ambulancia de la nada que iba recogiendo,
Keynes, arrastraba la reina,
esquilmando tierras
con sus puentes de hierro
sobre ríos de ácido cemento.

Nieztsche y Sade en las Bahamas,
uno torturándose en hedonismos del otro,
viendo la partida por satélite,
canal de pago; por tarjeta de crédito.

Pero alguien subió la calefacción,
se secaron las ideas,
y los cubitos del vodka
se deshicieron sobre la unión del euro.

Hacia calor,
la humedad y los mosquitos como bancos,
picaban y chupaban la sangre,
se hizo difícil respirar,
ceodós, Kyoto, Copenhague,
millones y millones de muertos de hambre,
querían jugar la partida.

El abandono de los polos enfrentados,
gigantes y cobardes,
usados y sombríos y rasgados,
a la espera de doblar la esquina
para que nos ahoguen las olas
que hemos repatriado.

Albert Gobó "El entierro del siglo XX"

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