sábado, 7 de noviembre de 2009

Ensalada de petróleo

En el bar de la esquina sirven cosas raras, primero los postres, pastel de guindillas y metralla con pétalos, de los claveles que se cortaron para detener las balas sólo quedan los poemas escondidos entre las páginas, escondidos en las estanterías, huyendo de las guerras.
Para empezar, el bar de la esquina está vacío, aunque te sirven un menú delicioso porque la cocina es un laboratorio de cinco microescopios, dónde preparan platos de oxígeno con salsa carbonatada, pero sin duda lo mejor del bar de la esquina es el aceite de roca que usan para condimentar sus ensaladas, aceite de plancton que pacientemente durante millones de años ha estado esperando a que se inventaran los coches y se levantaran las refinerías, que se ha calentado entre cien y ciento treinta grados, para que los jeques árabes y las familias que cazaban indios, búfalos y perseguían dorados, se levantaran de sus letrinas y se comieran primero la ensalada y quitaran luego las flores.

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