Sustituyo el castillo de naipes que cosió la abuela,
por la sopa de whisky y los espejos felinos,
que cantan como sirenas,
Cambio el limón del tequila,
por el billete de cien premios que no encuentra cambio,
ni en las calles de harina,
ni en las tragaperras.
Rompo el abrazo con el cólera,
a trompazos y veredictos sin esfuerzos,
que con el reloj y su tic tac,
y el gallo del albacea suena.
Al final, la carcajada destroza la sonrisa,
y el juez se afeita el bigote,
mientras Ariadna desteje el traje,
y la abuela quita el mantel a toda prisa.
sábado, 7 de noviembre de 2009
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