NO se embrean los cables eléctricos del sol,
los rudimentos de la calzada,
cualquier madeja de los esclavismos,
que ayer morían en fusilamientos.
Y aunque pasaron rozando alguna libertad,
no se vieron ni el zumbido
ni se partieron con himnos,
en sus cárceles vudús de maquinaria,
donde se fabrican grilletes de divisas,
y ejercicios de patíbulos
en pozos noctámbulos de sepulturas.
Los vimos entrar,
como camaradas de unicornios parricidas,
los hombros metidos en las heces,
y el gesto extendido y furioso,
con el acento para la lujuria del caos,
humillando a las razas silenciosas,
en un almanaque de locos,
en el adiós al extremo opuesto de la razón,
convertido en humos de tóxicos y demonios.
pero con el armazón de la derrota,
confinados al infierno propio.
Albert Gobó "El entierro del siglo XX"
sábado, 21 de noviembre de 2009
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