Sin entrar en polisemias ni definiciones, siento que la idea de triunfo, viene dado desde lo griego como una competición en la que uno pierde y otro gana, algo que obliga a confrontar como adversarios a las personas por un tema concreto.
En esta guisa de competitividad el triunfo de lo pragmático es ensalzado como un mecanismo de victoria, una táctica en la que los oponentes demuestran su inteligencia para llevarse el premio, en la que nos es dado el uso de la astucia, la perversión y otras nuevas nomenclaturas de lo práctico.
Ocurre que la supuesta exaltación a lo práctico hegemoniza incluso el discurso de la competitividad, priorizando el resultado sobre el proceso, y obviando el aprendizaje, recluído en lo innecesario por falta de tiempo ante el repetitivo y extenuante discurso de la practicidad. Esa anulación del valor en lo aprendido hace que se despierten de nuevo los mecanismos de usura, la astucia argumentada de los otros que obedecen a las prisas consensuadas en una falsa democracia de voluntades, que manda ejecutar a los que recargan de sentido cada proceso antes de llevarlo a cabo.
Para acabar, Aristóteles, decía: " se debe pensar con lentitud y actuar con prontitud". Esa practicidad de la conducta que hoy vivimos a mayor velocidad, está acabando con "el pensar con lentitud", ya no somos conscientes de ese pensamiento contrastado, cada vez más somos seguidores del pensamiento impuesto. Y por lógica, de la reacción de ese pensamiento, pero experimentado por nuestras maneras de ser.
sábado, 14 de noviembre de 2009
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