La madreselva, que tiene redes, raíces e hijos revolucionarios, se convirtió en papel mojado, poblado de cartones y semáforos.:
Se acabaron las pitanzas trasnochadas, el gusto del buen vino, incluso el adjetivo bueno se escapó del diccionario. La tierra se tragó la soberbia del acero, el mar con sus olas naufragó entre los inmigrantes soñadores, la selva se hizo hija cuando la madre dormía su siesta.
Privados y partidistas trazaron fronteras en el espejo del aire con sus bolígrafos de promesas. Lanzaron sus orquestas al fondo del océano y sólo algunas burbujas de música salieron a respirar en medio del silencio.
Mientras, civilizaciones de hombres modernos siguen dinamitando el cielo con sus rótulos de ciencia, y sus mentiras de progreso.
sábado, 7 de noviembre de 2009
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