Hay conciertos heavies que huelen a porro,
y juicios públicos en las camas,
abogados que defienden el cuello,
y tijeras que cortan las corbatas.
Hay músicas de fiesta por las callejuelas,
mujeres con los labios mordidos,
y tracas y tramussos que siembran la tierra.
Hay niños que imitan a los abuelos,
que van por ahí danzando entre carretas,
cantando al pueblo llano,
sus chanzas y refriegas.
Al caminante turbado le duelen los tímpanos,
de escuchar gritos y abusos.
Mientras el espectador se suena los mocos,
Los burros dejan de ir en carrozas,
y en los mesones se agota el vino.
sábado, 7 de noviembre de 2009
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