sábado, 7 de noviembre de 2009

No hay flores entre tus dedos

Cuesta creer que fueras jardinera
de palacios con balcones que miran al otoño,
cosechante de estigmas y pistilos,
tejedora de fíbulas y carpelos.

Cuesta imaginar que fueras nota musical,
que se pierde en la melodía con el viento,
celestial adagio del diablo que inunda el cielo,
en cantos, voces y susurros al ladín ciego.

Cuesta saber que tuvieras sed en primavera,
y pidieras perfumes de Edelweis en cada gesta,

Del beso a la corola te llevaste un poema por verso,
Al pedículo maldito, ilusión y gineceo,
Polen que la mano siembra,
cuando no quedan flores entre los dedos.

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