Vas perdida cruzando fronteras, buscando almas incompletas,
palpando los muros de hiedra que clavan sus venenos,
sintiendo al amor umbilical,
que se extravía en los ojos.
Con el puño herido golpeas los labios,
y a la lengua vuelcas tus palabras de inocencia.
Al caído le fuerzas levantarse,
al solitario, a lomo partido cargas de magia.
Arrancas con tus pellizcos briznas de estrella
que caen para alegrar al niño triste.
El laberinto mundo duerme en tu pecho,
y das de mamar al mundo entero,
y cantas la nana para que sueñe.
al beso lucero del verso libre.
sábado, 7 de noviembre de 2009
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