Se arañan las vocales,
tristes y rotas y perdidas,
se va el aire del pulmon del aliento mudo,
se visten los reflejos con miradas afligidas,
la voz se parte en ruidos que no hablan.
La traducción de la lágrima sin diccionarios,
mama del alma su fuga introvertida,
las manos tapan tu rostro ogro,
mientras se cortan,
con afilados cortapisas,
la dignidad humana y el gozo sonriente.
Antes del lamento se recuerda,
todas las veces que valieron la pena,
los ahogos inherentes,
y los señuelos felices,
el atajo del calor mundano,
el vuelo a los cielos del abrazo.
sábado, 7 de noviembre de 2009
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