Miraste el cielo,
mientras la noche con supernovas,
y las galaxias rojas,
seguían viajando en microondas,
y la materia oscura,
invisible,
y gris,
de nuestros cerebros,
incapaz de viajar con ellas.
Se quedaba en casa imaginando,
con sus pléyades televisivas,
la radio en frecuencia modulada,
y el perro ladrando a los vecinos.
Todavía el Universo crece y se va,
infinitamente inimaginable,
mordido por un deseo,
invadir la nada,
en su empeño de llegar primero.
A la que llegue descansará,
pero iremos detrás nosotros,
a conquistar cada estrella,
o a ponerle nombre a los sueños.
sábado, 7 de noviembre de 2009
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