No se equivoquen, no hay manuales para errar.
Si los hubiera, las compañías de seguros recibirían demandas a raudales,
los abogados, los médicos, los psiquiatras, se frotarían las manos si los siguieran,
la coherencia quedaría al servicio de la estupidez,
y la política al mando de la corrupción.
Si hubiera instrucciones para equivocarse,
se acabarían las excusas de las deficiencias,
la felicidad sería un bicho anárquico,
que comería himnos, medallas y banderas.
Se quedarían sin puntuación los examenes,
sin salarios los currelas,
perderíamos los consejos para siempre,
y a los refraneros los veríamos entre rejas.
...
Continuará...
sábado, 7 de noviembre de 2009
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