Castigo a la gente cruel que vomita sus problemas
en mi tiesto de paciencia,
rellenándolo de torpeza y sofismos indulgentes,
plantadole al pie del Olmo un cybernáculo,
al que roban madera y ceniza
y monedas de plomo.
Nada de perdones que los miserables rían,
como en mí nada de ser útiles mis vacíos,
ennegrezco en sus dádivas de chulería,
manipulaciones del veto y la alegría.
Que sus limosnas - ya lo sé- dan para seguir ebrio,
y para escribir insultos en los cigarros,
y en su decoro de altanero y postín encanto,
me fumo chupando el dedo,
sus donativos de mirra y escarnio.
sábado, 7 de noviembre de 2009
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