Fuímos microorganismos,
partículas en un antaño prehistórico,
paseantes en las leyes de la naturaleza,
del planeta y el sistema,
en la polvareda de estrellas,
y en la cuna de los asteroides,
de inicio primates ungulados,
con los dientes carnívoros,
deseando hombres y hembras,
sol y mediodía, vivir en existencias,
quisimos cuerpos,
pieles,
carnes y frutas,
y el deseo se hizo fuego,
el fuego luz,
y del calor nacieron incendios de otros deseos,
oro, poder, gloria, la derrama natural
selectiva de lo perfecto,
moría aturdida por la inteligencia.
Consumida en atracones de vida,
en la retama del silencio.
La muerte y el miedo,
formaron sus guerras,
en las zonas de la civilización
que buscan en sus infiernos
un descanso de odios
y una tregua de truenos.
sábado, 7 de noviembre de 2009
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