En el paseo de un jardín enfermo
tocaste la última vez el violín,
la tarde llegó primero,
llegó después mi lágrima,
luego,
vino tu beso
como el soplo del aire en el pecho,
que hincha el fuego,
y enciende las tardes tristes
con el color del recuerdo,
me subiste al columpio de tus ojos,
al vaivén secreto al que tan pocos,
llegan para desnudar el alma.
Albert Gobó "El entierro del siglo XX"
sábado, 21 de noviembre de 2009
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