Termina un siglo que extermina,
que arrasa como una losa de acero
aplastando las flores de los jardines,
que nacieron en los entierros.
Mañana que se alza futil e incierto,
mañana que es un hoy bizarro
al desamparo de emblemas rotos,
del carmín masticado.
Posiblemente,
quizás las trampas de la buena intención,
o de intenciones de polvo bajo la moqueta,
surjan a inundar los escenarios,
al que acuden puntuales los errores,
en que el siglo llama experiencias
y los años invenciones.
A todos; desesperanza nunca,
antes la muerte.
sábado, 21 de noviembre de 2009
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